cosssas sobre Liniers que te la pelaban antes de leer esta línea

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Published on Tuesday, 30 November 1999 00:00
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Hace ya tiempo que no retomaba esta sección de Entrevistas, y como ahora se acercan fechas de jornadas y salones, donde podremos conseguir más material, es la hora de sacar la ropa de verano del armario y dejar hueco para la nueva temporada. De modo que hoy os sorprendemos con una conversación entre Liniers y quien teclea estas palabras. El marco: la sala de prensa del Salón del Cómic de Barcelona, junio de 2008. Los motivos no estaban del todo claros. Tenía una cita concertada con el autor a través del servicio de comunicación de Ficomic, pero entre unas cosas y otras se retrasó, luego se adelantó, y al final estuvo a puntito de cancelarse. La suerte estuvo de mi parte cuando apareció por la sala de prensa a un cuarto de hora de comenzar una sesión de firmas. Así son los Salones. Caóticos, pero emocionantes hasta el final. Además, me puse morado de Fantas mientras esperaba. Pero esto último no lo vayáis diciendo por ahí.

Como último detalle antes de comenzar a destripar la vida de Liniers pinchando en leer más: el hombre en cuestión es argentino. ¿Tu sabés, boludo, pibe, perdí la plata? Ya sabéis como hablan, con ese acento que derrite a las mujeres. Bueno, pues la entrevista mejora sobremanera si la lees mentalmente, pero a Liniers le añades ese deje argentino tan típico. Si no lo hacéis, y luego todo os ha parecido una mierda, será culpa vuestra y solo vuestra. Vamos allá.

Para muchos lectores de cómic, Liniers (Buenos Aires- 1973) es el nuevo Quino.Y eso es decir muchísimo. Bajo su seudónimo se esconde Ricardo Siri, historietista argentino. Como el autor de Mafalda, no solo comparten país de origen, sino también una impronta muy personal en cada una de sus viñetas. Liniers es autor misterioso, onírico, de un humor blanco y tierno, muy Calvin y Hobbes... pero resulta muy tangible tenerle sentado frente a ti. Lleva gafas, pero no se resguarda tras ellas. El uso de un apodo no responde al deseo de ocultarse, sino a modo de homenaje: es descendiente del virrey de Buenos Aires Santiago de Liniers, quien lo fuera desde 1807 a 1809. Pero no deja de ser un dato anecdótico: tampoco es que esto le sirviera como enchufe para trabajar en el mundo del noveno arte.

Su trabajo como profesional se remonta a 1999, comenzando a trabajar para el suplemento NO!, aunque poco después, en 2002, se consolidaría como historietista trabajando para el diario LA NACIÓN, donde todavía hoy continuando publicando su tira diaria Macanudo.

Kat: ¿Cómo comenzaste a dibujar?

Liniers: Empecé dibujando como todos, en el colegio, en el jardín de infancia, sin ninguna dirección. La único que hice como formación académica fue estar mano a mano durante dos años con el dibujante Pablo Sápia. Empecé dibujando con él, haciendo taller y aprendiendo las bases. Al final nos hicimos amigos: a él le daba no-se-qué cobrarme y a mí me daba no-se-qué pagarle (risas), y así acabó mi carrera académica. De eso hará ahora quince años.
Pero nunca se me fueron las ganas de dibujar. De ahí empecé a publicar fanzines, junto a algunos amigos. Cosas hechas por nosotros, de forma muy precaria. Entonces me parecían estupendas: ahora las leo y pienso "¿de verdad creí que esto era genial?". Y poco a poco comencé a colaborar en revistas independientes.

Kat: Luego llegó el salto profesional.

Liniers: Sí, siempre fue como una especie de escalerita que ibas subiendo. Al final terminé publicando viñetas e ilustraciones en algunos diarios. El primero fue Diario 12, de corte socialista, en el año 1997. Era lo que yo había querido hacer todo este tiempo: una historieta semanal. Se llamaba Bonjour, duró tres o cuatro años y era un delirio. Formato plancha (media página de periódico), con un chistecito arriba y otro abajo. Era muy divertida porque se publicaba en un suplemento que no se leía mucho, así que intentaba llamar la atención como fuera, y hacía los chistes más deformes que pudiera para que la gente dijera “¿a este tipo qué le pasa?”, pero que al menos no pasara desapercibido.

Kat: Tu estilo gráfico no suele pasar desapercibido, de todos modos.

Liniers: Fue con esa tira con la que formé mi estilo, realmente. Aprendí como hacer chistes, cuales dibujar... y cuales no.

Kat: Y al fin diste el salto grande a un periódico de renombre.

Liniers: Sí, en el año 1999. Mis chistes le gustaban a Maitena, y ella me recomendó al diario La Nación. Yo creo que les engañó, diciendo cosas como “sí, cogedlo, es muy bueno, que si no lo contratáis vosotros se lo van a llevar los de Clarín (otro diario nacional argentino). Y así comencé a publicar mi tira cómica más larga, Macanudo, que todavía sigue en pie. Es una tira muy entretenida y puedo publicar lo que quiera en ella. No quiero que acabe nunca (risas).

Kat: Pero no solo eres autor de tiras cómicas.

Liniers: No, desde que publiqué Conejo de Viaje. Es una recopilación de historietas que he dibujado a lo largo de varios viajes, muy sueltas, muy para mí. Estaban guardadas en un cuaderno, y mi editor aquí, en España, les echó un vistazo. Enseguida me dijo “¡esto es muy bueno! ¡Vamos a publicarlo!”. “¿Seguro? No sé a quien le van a divertir.” “¡Seguro!” Y así fue. Me gusta mucho la edición que han hecho, y espero que en Argentina sea igual. Como están yéndome las cosas en España me está haciendo muy feliz.

Kat: En España, Internet te ha hecho mucho bien.

Liniers: La verdad es que sí. Entre mi blog y algunos lectores que suben mis tiras me conocieron bastante antes de empezar a publicar mis recopilaciones aquí. He tenido una suerte generacional. Somos la primera generación que tenemos acceso a abrir blogs, y en el momento en que se pone de moda, ¡brum!, explota y nos pilla a todos. Cuando Maitena comenzó hace diez años todavía no existía ese medio. Aunque ahora hay cosas de Maitena en Internet, está claro, pero el momento de la explosión nos cogió a nosotros. No me voy a quejar (risas).

Kat: Comentabas antes que empezaste publicando fanzines. ¿Crees que es la manera idónea de comenzar en este mundo?

Liniers: Totalmente. Lo bueno del fanzine es que no solo aprendes la parte del dibujo, sino también a integrar eso es un cómic y conseguir una calidad. Tienes que conseguir sacar lo mejor que puedas, gastando el menor dinero posible. Es un aprendizaje como dibujante, pero también como editor, que es igual de importante. Aprendí un montón de cosas sobre hacer libros que después me serían muy útiles. Ni que decir que será el único momento en tu vida en que tendrás libertad absoluta para hacer lo que quieras, porque no se volverá a repetir en tu vida profesional. Si quieres dibujar así o asá, si quieres putear al Papa, a Dios o a la Santa Virgen, no hay nadie que te vaya a decir nada.

Kat: ¿Qué influencias crees que tiene tu obra?

Liniers: Muchas. No solo dibujantes: cine, música... Todo lo que me conmueve de alguna manera, me entusiasma, me hace reir... La lista arranca en Quino, que fue lo primero que yo leí como buen argentino, y de ahí todo lo que he ido viendo, como la ensaladera que soy, ha sido una influencia. Generalmente, si homenajeo algo trato de hacerlo lo más claramente posible, para dejar ver que no estoy robando nada. Pero tengo muchas influencias, y me gusta.

Kat: ¿Seguirás publicando obras largas, como Conejo de Viaje?

Liniers: Yo tengo la ilusión de madurar algún día y hacer una novela gráfica como el resto de autores. En Argentina publico una página todos los meses en una revista. Es una historia que continúa, y que espero sea una novela gráfica larga. Lo único malo es el tiempo: es una revista mensual, de modo que la novela se fragua a doce páginas por año. Todavía le queda. Se llama Posters, y es otro delirio con forma de cadáver exquisito: cada vez que lo tengo que dibujar, me leo la página anterior para ver como acabó y la sigo. Es muy caótica pero muy divertida.

Kat: ¿Cuáles son tus planes de futuro?

Liniers: Tengo dos proyectos en marcha, pero acabo de tener una hija, Matilda, y no puedo. Ahora he comenzado a hacer cubiertas de discos, carteles de películas... Los Macanudos seguirán saliendo, y ahora hemos montado una pequeña editorial en Buenos Aires, para publicar nosotros mismos algunos libros de arte.

Kat: ¿Y tu hija, influirá en tu trabajo?

Liniers: Todo seguirá igual, o eso espero. Quizá ella haga algo y yo, como buen papá, lo dibujaré. “Miren lo que hizo Matilda...”. Para mí, Macanudo es una tira muy personal, muy cerca mía, y cambiará todo lo que yo mismo cambie. Seguro que Matilda la va a influenciar. Pero trabajando haré lo mismo, los mismos cuadrados y contando lo que me parece gracioso.

Kat: Muchísimas gracias por tu tiempo, mucha suerte en el futuro... ¡y muy feliz con tu hija!

Liniers: A vosotros.

Liniers nos dedica un dibujo antes de retirarse hacia una sesión de firmas en el Salón del Cómic. Ahora que echo la vista atrás sobre las líneas que he trascrito, me doy cuenta de que estos autores, hechos a sí mismos, han contado con las dosis adecuadas de creatividad, originalidad, y la fortuna de encontrarse en el lugar justo en el momento apropiado. A lo que solo puedo decir bravo. Mondadori está editando en España la obra de Liniers en una edición magistral. Mira que me gusta quejarme, pero cuando un trabajo está bien hecho no puedo mentirme a mí mismo. Ya quisiéramos hacer fanzines así. Echadles un ojo, en vez de comprar tanto mamotreto de Todo Mafalda, que ya os tenéis que saber las tiras de memoria, de tanto leerlas en prensa, recopilatorios y calendarios.